La semana pasada hablábamos de extraños casos en los que la víctima señalaba a su asesino. Casos reales en los que recordábamos sentencias condenatorias basadas en las supuestas reacciones del cadáver ante la presencia de su asesino. Cosa que hoy nos puede sorprender mucho, pero que hasta el siglo XVIII era una práctica bastante habitual en los juzgados de toda Europa y América, y que no acabó de desterrarse hasta bien entrado el siglo XIX. Pero también hablamos de algunos casos más recientes, en los que los “testimonios paranormales”, habían llevado a la detención de los auténticos culpables, como el famoso caso de Teresita Basa (1977).
Tal ha sido el interés que despertó en algunos de nuestros seguidores, que vamos a dedicar un ciclo a contar algunas de las más interesantes investigaciones policiales en las que participaron médium o tuvieron lugar ciertos fenómenos sobrenaturales. Hoy vamos a empezar con uno de los más famosos de todos los tiempos, el holandés, Gerard Croiset, un psíquico, sanador y psicometrista que alcanzó fama internacional por sus supuestas demostraciones de clarividencia precognitiva y por colaborar con la policía en la búsqueda de personas desaparecidas.
Si bien, su historia es muy controvertida y hay muchos que lo acusaron de farsante, como hemos dicho muchas veces, aquí no estamos para juzgar a nadie, sino para contar los hechos. Y la realidad es que durante gran parte del siglo XX, cuando alguien desaparecía y no había modo alguno de encontrar pistas que llevaran a su paradero, o al menos a comprender que había pasado, siempre había alguien que decía <<¿Por qué no habláis con Gerard Croiset?>>,





































