La hermosura de la princesa Griselda es tal que hace que los hombres pierdan literalmente la cabeza. Y esto le parece tan gracioso, que ha comenzado a coleccionarlas. Ante el temor de quedar descabezados, príncipes y caballeros la evitan y han dejado de invitarla a los bailes. Sola en su palacio, Griselda empieza a aburrirse. Así que decide probar suerte con el príncipe más miope del lugar.
Harold sale a pasear bajo la luz de la luna. Pero pronto descubre que no hay luna y tampoco camino por el que pasear. Por suerte, tiene su lápiz morado.
Nuestro héroe se creará su propia aventura: un bosque, un dragón, un pícnic con sus pasteles favoritos, un viaje en barco, otro en globo… ¡y algún que otro susto!
Un clásico de la imaginación moderna para leer, soñar, imitar y pensar.
Del autor del maravilloso libro para rumiar Ellen y el león.





































