Si alguien te dice que habla con los muertos es muy probable que pienses que está loco. Aunque, la verdad, la reacción – incluso de la misma persona -depende bastante del contexto. Si quien te lo dice es un cura, lo mismo te santiguas. Si lo dice un chamán -autentico, no uno de esos neohippies de tiktok e Instagram -posiblemente, aunque no lo creas y pienses en decenas de explicaciones racionales a sus trances, lo respetas, como exponente de una cultura y porque es políticamente incorrecto cuestionar la espiritualidad basada en la ayahuasca y otras sustancias psicodélicas. Pero qué harías o qué pensarías, si quien te lo dice es un policía. Posiblemente, lo primero que creas es que te está intentando tomar el pelo, gastarte una broma.
Es lógico. La figura del médium en nuestra sociedad suele estar asociada a programas de madrugada, consultas privadas o escenarios envueltos en penumbra. Sin embargo, en ocasiones, la realidad introduce contradicciones difíciles de ignorar. Uniforme policial por la mañana. Terapias regresivas y espiritualidad por la tarde. Investigación racional frente a intuición extrasensorial.
Ese es el territorio ambiguo en el que se mueve Daniel Cantó Marco, un agente de policía español que en los últimos años ha comenzado a ganar notoriedad pública por afirmar que posee capacidades mediúmnicas desde la infancia. Según su propio testimonio, lleva años ayudando a personas mediante regresiones y acompañamiento emocional relacionado con la muerte y la conciencia.




































