Se entiende, no me sean mal pensados, que se trata del entierro político de Sumar y de Yolanda Díaz, no el otro, que no se lo deseamos a la gallega. El autor de leer el responso ante el abierto catafalco está siendo en estos días el andaluz, Antonio Maíllo, viejo comunista de estos lares. Estuvo el caballero muchos años callado, y ha vuelto a la vida política con fuerza, fervor y deseos de enterrar todo lo que se mueve en política fuera de Izquierda Unida. Viene delgado, pero con ganas, y dispuesto a darle de nuevo vida al viejo Pc, aquel que ha pasado desde los tiempos del cordobés Julio Anguita por las angustias de unos líderes anodinos, cuando no auténticos enterradores de unas siglas. Pero esa no es la historia que traemos hoy a nuestra columna. La misa de difuntos que estamos viviendo en estos días va dedicada al grupo Sumar y a la ministra Yolanda Díaz. También conocida como Yoli “tenacillas”.
Si usted ha seguido la vida política de la responsable de Trabajo en el gobierno del emperador Pedro primero de Catalonia, sabrá que no es que esté siendo enterrada por culpa de Maíllo o de alguna jugada del Psoe, o de su gran enemigo político, Podemos. Yoli se ha ido enterrando así misma a lo largo de los años en los que ha estado al frente de esa cartera ministerial. Se creyó con fuerza política para zurrarle la badana a la compañera y madre de los hijos de Pablo Iglesias, y mal se preveía que le iba a salir esa operación, como se está viendo en la actualidad. La pelea entre las dos, la va ganando la hoy eurodiputada Montero, no solo por el sueldo, más de trece mil euros al mes, que, vestida de luto riguroso, asiste al réquiem por su enemiga.
Podemos se recupera, Sumar se hunde, Irene sigue iracunda, malvada políticamente donde las haya, Yoli sigue ofreciendo una imagen que da pena, vergüenza ajena escuchar sus absurdas explicaciones, risas entre el público, memes en las redes, chistes a su costa. Sus entrevistas en la Tv se convierten en lecciones para aquellos que quieran saber cómo no hay que comportarse en una comparecencia en la pequeña pantalla.
Tenemos, dicen ahora que Pedro la puede cambiar en breve, la ministra de Trabajo que más se ha plegado a los intereses del presidente, con tal de mantener su puesto, su cartera, su sueldo y su casa de más quinientos metros pagada por todos los españoles. Y con todo el respeto del mundo, políticamente, la más tonta que se haya conocido en nuestro país.
No la entierra Maíllo, tampoco es Pedro, ni siquiera Irene, su enemiga del alma. Es ella la que se ha ido comprando a plazos el catafalco, el nicho, y pagando religiosamente, declaración tras declaración, el seguro de defunción. Descanse en paz.





































