Inspirado en la figura del árbol que da nombre al proyecto —el pino negro, que resiste el frío, el viento y el paso del tiempo en lo alto de las montañas—, la propuesta combina elementos del pop, el rock y el folk de los sesenta y primeros setenta, y del pop alternativo de los noventa en adelante con letras íntimas y cargadas de simbolismo, que abren grietas por donde entra la luz.
Hunde sus raíces en la resistencia. Se alimenta del silencio, del frío, de todo aquello que otros evitarían. Pino Negro no busca deslumbrar, sino enraizar. Nace del susurro, pero sin que falte el grito. Es un refugio para quienes siguen en pie cuando todo tiembla.
Cada concierto comienza con la lectura de un manifiesto, un acto íntimo y poético que invita a conectar desde la profundidad. El recordatorio y el reto es crear canciones que resuenen más allá del ruido.





































