Te vas a quedar muerta, Nuria, cuando te enteres del verdadero motivo que condujo a Ester, Ester Colero Ediondo, ya sabes, la madre de Izan, a esperar hasta eso de las nueve y media de la noche a la salida del colegio a Penélope Dante Hidalgo, o sea, la madre de Tristán, a la sazón presidenta de la mesa B, y allí en la puerta, tortazo va, tortazo viene, hacerle prácticamente deglutir íntegro un papel hecho trizas sacado con furia de un sobre. Si no hubiera sido por el guardia civil custodio y los otros presidentes de las mesas más los vocales e interventores y algunos que otros curiosos que con mal contenida vocación notarial dieron fe del escrutinio final, quienes, empleándose a fondo, mediaron para separarlas, a buen seguro que la cosa habría pasado a mayores, no digo que hasta el punto de cebar con ello un breve en la página de sucesos, pero casi.
No saben de dónde vienen los tiros cuantos en el grupo de WhatsApp de padres apuntalan que Ester se cegó por el batacazo en las urnas de su partido. ¡De su partido, dicen! ¡Si ella no tiene partido! ¡Si ni siquiera votó! Sé de buena tinta que eso no fue así y lo sé porque la pobre se me confesó después hecha una Magdalena durante una eterna conferencia telefónica que me obligó a dejar medio empantanada la cocina.
Verás. Ester se ha tirado la mar de semanas apoquinando de su bolsillo la bollería industrial que tanto su hijo como el hijo de Penélope se han zampado en los recreos. Cada mañana el tragaldabas de Tristán vaciaba en el contenedor el brócoli de su tartera y rapiñaba entero el desayuno de Izan. Y como a Ester no le apeteciera seguir sufriendo el ayuno forzado del vástago y menos aún dar campanadas en la escuela o entablar negociaciones diplomáticas con la relamida de Penélope, se echó a la espalda el cargo de abastecer de doble ración la mochila de Izan. Y todo marchó sobre ruedas hasta que el viernes pasado, remitida por el Juzgado de Instrucción nº1 de Almería, recibió por correo certificado una cédula de citación por delito leve de lesiones en calidad de denunciada. Luego supo por su abogado que Penélope achacaba a la ingente bollería suministrada regularmente por Ester Colero la causa de la diabetes tipo 2 diagnosticada a Tristán el mes pasado. Tú, Nuria, ya sabes el resto. En fin, confiemos en que la digestión de la cédula que se tragó Penélope Dante no provoque otra patología más. (A mi amiga Pilar Moliner).





































