LlegĂł 2026 y las profecĂas no se cumplieron. ÂżO sĂ?…
Este año, hemos querido arrancar haciendo un pequeño homenaje a aquellas pelĂculas que tiene alguna relaciĂłn con este 2026. La semana pasada hablĂĄbamos de Rocky, que cumple 50 años y esta semana os traigo una pelĂcula que nunca pasarĂĄ de moda: MetrĂłpolis, de Fritz Lang, una pelĂcula de culto y obra maestra del expresionismo alemĂĄn, junto a El gabinete del Dr. Caligari (1920) y Nosferatu (1922). Pero entre todas ellas, sin duda, para mi MetrĂłpolis es la mejor de Ă©ste trio de ases del expresionismo alemĂĄn; un cine que no intentaba mostrar el mundo tal como es, sino tal como se siente cuando el ser humano se ve aplastado por el poder, la mĂĄquina y la desigualdad. Por eso MetrĂłpolis no es una ciudad, es la metĂĄfora de un conflicto donde la industrializaciĂłn y la lucha de clases llevan a la deshumanizaciĂłn del hombre.
Por eso esta pelĂcula es tan peligrosa. Hace pensar. Cuestiona. Y eso, al poder y a sus sicarios, nunca les gusta.
Pero hablemos un poco de la pelĂcula antes de entrar a analizar su mensaje.
En 1927, cuando el cine aĂșn estaba aprendiendo a hablar, una pelĂcula muda alemana se atreviĂł a imaginar el mundo de 2026. No como un paraĂso tecnolĂłgico, sino como una ciudad partida en dos: arriba, el lujo y el poder; abajo, el sudor y la esclavitud. Aquella pelĂcula se llamaba MetrĂłpolis, y su visiĂłn del futuro sigue siendo inquietantemente actual.
Dirigida por Fritz Lang y producida por la UFA en la Alemania de la RepĂșblica de Weimar, MetrĂłpolis fue la producciĂłn mĂĄs ambiciosa de su tiempo. Decorados colosales, efectos especiales revolucionarios y una historia que mezclaba ciencia ficciĂłn, crĂtica social y simbolismo religioso. Su presupuesto fue tan alto que casi arruina al estudio. Y, sin embargo, el verdadero drama de la pelĂcula no ocurriĂł en la pantalla, sino fuera de ella.





































